sábado, septiembre 18

Reflexiones finales

Poco a poco volvemos a cogerle el pulso a nuestra ciudad, a nuestro país. Pero los dos sabemos que algo se ha quedado en Pereira. Algo que huele a arepas con queso, a tortas de choclo, a yuca frita. A sonrisas de gratitud, a abrazos de cariño.

Un barrio que no nos conocía nos acogió con todo su amor.  Los españoles. Vinimos hace 500 años a matar a sus hombres, a violar a sus mujeres y a acabar con sus religiones imponiéndoles las nuestras a golpe de espada y crucifijo. Y aún así, nos respetan. Nos admiran. ¿Nos han perdonado? Quizás simplemente, lo han olvidado. Ninguno de los de aquí es culpable de aquello. Ninguno de los de allí es víctima ya, tampoco. Todos perdimos en aquella pelea. Quizás sea esta una forma de recuperar algo. Devolviendo un poco de lo mucho que un día nos llevamos a la fuerza.

No se puede dar más veces las gracias que lo que ya lo hicimos allí a todas las personas que tanto nos ayudaron, nos acompañaron y nos enseñaron. A las hermanas pasionistas por su acogida. A la familia de Consuelo por tratarnos como hijos. Y a todos los que desde aquí nos habéis apoyado con vuestros correos, mensajes, llamadas, incluso desde el silencio, porque sabíamos que estabais de todas formas.

Pero, por encima de todo, a los que nos recordaron que no hay nada más importante que el respeto, el cariño, la felicidad y el amor: a los niños.

Os dejo el enlace a la galería de todas las fotos que hicimos: fotografías

Un abrazo.

miércoles, septiembre 15

Una semana en casa. Reflexiones (1)

Llevé la maleta llena de chocolate para las Hermanas (el de allí es horroroso, doy fe), 4 camisetas, dos pantalones y ganas de disfrutar de una experiencia única.
La traje llena de arequipe (por lo menos hasta que me lo quitaron), de fotos de gente encantadora y de ganas de volver. Si en vez de pesarme la maleta me pesan el alma me arruino con el sobrepeso. Tan llena la traía!!!!!.
Lo que mas pesaba, sin duda, fue la tarjeta que me hicieron los niños para despedirse de mi paso por el comedor.



No tienen que comer, pero nunca les falta el hambre.
Ni tienen ropa para cambiarse todos los días, pero siempre van bien vestidos, limpios y con colores alegres.
No tienen para ponerse un empaste, pero jamás les falta una sonrisa.
Y muchos no han tenido mas educación que la calle, pero jamás les falta el respeto.
No tienen apenas muebles en sus casas, pero siempre la puerta abierta.

No tienen donde caerse muertos, pero nunca les faltan las ganas de vivir.



lunes, septiembre 13

Curiosidades de Colombia

El aeropuerto de Pereira (Matecaña) es tan pequeño que los pasajeros acceden a los aviones directamente andando a pie de pista. Cuando llueve, un trabajador va ofreciendo paraguas abiertos a los pasajeros según abandonan el edificio y se dirigen a la pista. Otro trabajador los recoge y los cierra justo en la puerta del avión para que nadie se moje.


Los medicamentos se llaman directamente drogas y no es difícil encontrar este tipo de carteles repartidos por las tiendas del centro de la ciudad:



Lo del almuerzo "ejecutivo" no llegué a saber de que se trataba, pero supuse que era lo último que comerías si alguien lo encargaba para ti y que lo entregaría un sicario debidamente armado.

La locura de como escribían los nombres era de traca también. Los tomaban directamente de las películas yankees pero en vez de fijarse en los títulos de crédito los escribían fonéticamente, más o menos. Así, un nombre tan chic como Jason en inglés quedaba convertido en esto:



En los centros comerciales, junto al cartel de "prohibido fumar" aparecian siempre otros dos: "prohibido portar machetes" y "prohibidos portar armas de fuego" con sus iconos correspondientes, un cuchillo y una pistola tachados.

Los autobuses y taxis llevaban una pegatina en la parte trasera con una pregunta: ¿Como Conduzco? Y un número de teléfono gratuito debajo para que llamar si no te habías sentido bien "transportado" durante el viaje.

Al café sólo lo llaman "tinto" pero está bastante aguado, es muy flojo, muy suave, se puede tomar incluso sin azúcar. A lo que llamamos nosotros un sólo, ellos lo dicen "pura tinta de café". Si quieres un café con leche tienes que pedir un "pintado".

Pero lo más rico que he probado allí ha sido la "malteada de café", una especie de batido semihelado y muy cremoso, con un sabor delicioso y una textura suave.



Los autobuses de linea normales se llaman "busetas" y hay otros privados que ofrecen viajes específicos con el aspecto de los autobuses escolares americanos (los típicos amarillos que salen en los Simpson, por ejemplo, y en tantas pelis de adolescentes) pero aquí casi siempre pintados con los colores de la bandera colombiana. Se denominan "chivas" y antes te dejaban incluso viajar arriba, al aire libre, en el techo.



El sistema de calentar el agua en las casas con menos recursos es sencillo e ingenioso, a la par que peligroso porque mete la instalación eléctrica hasta la misma bañera o ducha con lo cual, si te resbalas y se te ocurre sujetarte a la parte en la que se empalman los cables (con cinta aislante, aquí no saben lo que son las bornas) prepárate para bailar samba sin haber ido a la academia.



Los remedios caseros contra la lluvia son efectivos aunque un tanto peculiares. Ponen un cuchillo con la punta hacia arriba y dentro de un vaso. ¿Difícil de creer? Pues ahí tienes la prueba:



Otra costumbre curiosa es que en Colombia solo se da un beso. Hasta que me lo dijeron y dejé de hacerlo la gente me miraba extrañada cuando le daba dos. Ya me parecía a mi que eran muy reticentes a dar el segundo y no caía por qué.

Y por último, los bichitos que nos entraban en la habitación eran del tamaño de la jungla de la que provenían: cucarachas como bogavantes y arañas, bueno, esta es solo una muestra de las que cabían por debajo de la puerta y se metían en la ducha (como serían las que se quedaban fuera porque no pasaban).



viernes, septiembre 10

Volviendo a Bilbao

Por una vez en la vida, a la vuelta de mis vacaciones, Bilbao me recibe con un día soleado y cálido. Salimos de allí lloviendo a mares ("Pereira llora porque os vais" - nos decían las monjas) y al llegar a casa me doy cuenta de que todavía estamos en verano.

En Pereira me ha llovido todos los días menos uno. He venido más blanco de lo que me fui porque al sol lo he visto de lejos o como mucho por la ventana.

Después de casi 11 horas cruzando el Atlántico, el vuelo de Madrid a Bilbao me ha parecido un paseo. Creo que me he dormido justo después de que las azafatas nos señalaran las 4 salidas de emergencia (dos delante, otras dos detrás) y antes de explicarnos como se debía hinchar (nunca dentro del avión eh?) el chaleco salvavidas que se encuentra, como bien sabéis, debajo del asiento.

Aterrizo en Loiu y parece víctima de un bombardeo. Toda la zona externa de llegadas devastada por las obras. Acabo de venir de un país que casi está en el Tercer Mundo y me encuentro que al llegar al mío, que se supone más avanzado, algún sinvergüenza tuvo a bien aprobar un proyecto de aeropuerto que tan solo unos años después necesita una remodelación casi total en la parte de la ingeniería civil, la que afecta a los pasajeros. Pero ¿qué narices pensarían tan elevadas mentes? Hacer edificios para personas que las personas no pueden usar es una de las mayores tomaduras de pelo. Y luego se quejan de la T4 de Madrid (en la que cabe la mitad de Cuenca casi por la extensión). Aquí solo se trataba de hacer un edificio para que los pasajeros y los que iban a dejarlos o a recogerlos se sintieran cómodos. Y no recuerdo haberme sentido cómodo en ninguna de las dos situaciones. Seguro que con lo que cuestan las reformas habrían vivido holgadamente tres mil familias necesitadas durante diez o doce años.

Vuelve de un viaje de más de 15 horas de vuelos y esperas y que te obliguen a recorrer un laberinto de vallas, rampas y escaleras para poder salir y verás como te acuerdas de las muelas del arquitecto y del que le aprobó el proyecto.

Menos mal que una encantadora amiga me estaba esperando para llevarme a casa. Ver su sonrisa a través de las obras me hizo olvidar el cansancio y sentir su cálido abrazo de bienvenida alivió mi cabreo. No hay cosa mas triste que volver y que nadie te espere. Me siento afortunado porque varios de mis amigos y amigas se ofrecieron a hacerlo.

Gracias, de corazón, por haber estado allí. Y a todos los demás que me lo ofrecisteis. Así ya se puede volver a casa.


Diferencia de clases ... en un mismo avión

Había volado en Primera Clase (Business como lo llaman ahora, supongo que porque solo se lo pueden permitir los ejecutivos en viajes de trabajo cuando se lo paga la empresa) en vuelos nacionales y salvo que dejaban el asiento intermedio vacío para que fueras mas cómodo y tenias más sitio para las piernas (te cabían las dos en ángulo recto sin tener que seguir las instrucciones del Gran Houdinni sobre como plegarse para meterse en la parte de atrás de un Citroen Saxo de dos puertas) tampoco noté mucha diferencia entre los dos pasajes. Ah, si, había una cortina de separación entre ambas clases que en caso de accidente por ejemplo impedía que de mezclara la sangre roja de los obreros con la azul de la nobleza, creo).

Pero en un vuelo transoceánico la diferencia es muuuuuucha. Pero que muuuuuuucha, de verdad. Solo tenéis que ver como son los asientos (dos plazas en el mismo hueco que usan para poner tres en turista):




Si alguien no se creía que el asiento era reclinable (de hecho de pone horizontal como una cama) y con función de masaje, aquí va una foto con el cuadro de control:



Y en el apartado de comida, otro tanto, sólo el primer plato le daba ya 10 vueltas al menú completo de turista (pero si la ensalada llevaba hasta colas de langostinos):


Aunque, a pesar de todos estos detalles, que no dejan de ser superficiales, lo más importante fue el trato que nos dispensaron (en este caso la sobrecargo Blanca, que además de tener una sonrisa Profiden olía tan rico !!!!!). La verdad es que el viaje de vuelta se me hizo cortísimo comparado con la ida.

No pensaba que podría llegar a decir esto algún día pero esta vez se lo merecen: "Gracias, Iberia !!!!".


jueves, septiembre 9

Embarcando para Madrid

La pulsera (reliquia como la ha llamado ella) que me acaba de entregar Fidelina en el aeropuerto de Pereira parece que empieza a funcionar. La chica que me da la tarjeta de embarque me avisa que por tener la Iberia Plus, la empresa me ha pasado a primera clase. Ahí es nada. Suelto un "yujuuuuuuu !!!!!!!" que ni Homer Simpson cuando ve una hamburguesa doble.

En el control de equipajes no tengo tanta suerte y una pequeñaja, bigotuda y mal encarada funcionaria me requisa los tres botes de arequipe (dulce de leche típico de allí) diciendo que esta prohibido meterlos. La fulmino con esta mirada que tengo que abre ostras a 8 metros pero ni por esas. No se achanta ni siquiera viendo las destinatarias de los paquetes (que son monjas porque se trata de un encargo de las hermanas de allí para las de aquí, en Bilbao). Así que antes de irme la digo: "ojalá se os vaya todo el dulce a las caderas" - aunque lo suficientemente bajito como para que no me oiga, no vaya a ser que encima me metan en un cuartucho y me quieran revisar con mas profundidad y pierda el vuelo. Me enrabieto un poco más cuando descubro que en todas las tiendas del Dutty Free del aeropuerto puedes comprarlo y llevarlo en la mano.

Qué rápido pasa el tiempo en Bogotá. La chica de la sala de espera de Iberia dice "en 15 minutos comenzara el embarque" y en menos de 3 segundos ya hay una fila de 40 pasajeros haciendo cola.

Rezo para que me toque una buena compañía o mejor incluso ninguna para ir más tranquilo. La pulsera vuelve a funcionar de nuevo porque se sienta a mi lado una colombiana de 26 años súper maja llamada Isabel Cristina, menos mal porque un viaje de estos con el típico o tipica chapas es para morirse.

Empezamos bien, no hemos despegado aun y ya nos están ofreciendo cava, zumo de naranja y agua en copas de cristal, y no en esos vasos de plástico que estarán utilizando los "apestosos" de clase turista (ainsssssss).

El asiento es como una cama reclinable, tiene hasta masajeador (lo juro), teléfono, televisor con vídeos, juegos, etc, y mando a distancia. Nos regalan un neceser de viaje y la manta abriga de verdad y no tiene pulgas como en turista.

Apenas una hora de vuelo y nos sirven la comida. Hombre, no está sacada del Arzak pero se puede comer con más dignidad que en el vuelo de ida. En vez de plástico poner loza y cristal. Tiene la pega de que si te quedas con hambre no te la puedes comer pero da un toque de distinción a los platos.

Nos atiende durante todo el vuelo la sobrecargo, Blanca, una mujer encantadora que se pasa todo el tiempo preocupándose por si estamos bien, como si fuera la novia el día de la boda con los invitados al banquete. Despega de Bogotá con una sonrisa preciosa y cuando aterrizamos en Madrid, casi 10 horas más tarde, la sigue teniendo. Una profesional como la copa de un pino. No lloro al despedirme de ella porque soy un tiarrón pero ganas me dan porque se que no voy a volver a tener tanta suerte volando nunca.

Encima llegamos puntuales a Madrid y no tengo ni que hacer espera. Me cambio de terminal, embarco y salimos para Bilbao...pero esa es ya otra historia.







Embarcando para Bogotá

Cosas que dan susto: estar esperando en la sala de embarque de un aeropuerto de Colombia (Pereira, por ejemplo) para coger el avión hacia Bogotá y que pronuncien tu nombre a grito pelado. Me presento en el mostrador, y un tipo con un chaleco que pone Seguridad pero que transmite básicamente lo contrario me dice que le siga. Nos acompañan otras dos personas que también han llamado, un tipo con una pinta de malo cuya descripción encaja, seguro, con la mitad de los carteles de "se busca" del aeropuerto y, menos mal, un adolescente limpio y correctamente vestido.

Uy, uy, uy. Nos bajan por unas escaleras y nos empiezan a meter por unos pasillos cada vez más oscuros mientras pienso "demasiada suerte había tenido hasta entonces, ahora es cuando me la lían".
¿Usted ha forrado la maleta con plástico? - me pregunta de repente el hombre del chaleco.
Pues no, respondo, ¿ tendría que haberlo hecho? - pienso un poco mosqueado. El hombre le pregunta lo mismo al resto de acompañantes. La respuesta es la misma. A ver si resulta que para salir del país es obligatorio forrar la maleta, se me ocurre pensar. Pues no, no lo parece. Se despejan las dudas al llegar a un sitio que parece sacado de una película de malos, pero de muy malos. Imaginaos la escena: pie de pista, con los aviones acercándose o alejandose, un ruido infernal, frío y lluvia rancheada, todas las maletas del pasaje en el suelo, las nuestras apartadas. Un policía gordo, de esos que en las pelis están comiendo siempre donuts (en este caso arepas porque es colombiano) sentado detrás de una mesa de oficina que está sacada del atrezzo de "Cuéntame" (me recuerda a la que tenía Antonio Alcantara cuando trabajaba de bedel en el ministerio, os acordáis?). Me hace subir la maleta sobre la mesa y abriría. Empieza a registrar la maleta con una minuciosidad que me hace consultar el reloj: si hacen eso con las otras dos maletas que quedan por revisar el avión despega con 2 horas de retraso fijo. En medio del registro me pregunta la profesión.
"Ingeniero técnico" - respondo.
¿ Ingeniero? - le cambia la cara - ¿ de que?
Yo pienso, ¿ que mas le dará? ¿Lo hará porque se aburre, porque tienen un escáner de temperatura y quieren comprobar si miento o porque esta interesado verdaderamente en mi profesión?
"Ingeniero de colocación de efectos personales, encargos varios y regalos para seres queridos en cubículos destinados al transporte de mercancías también conocidos como maletas" - no te joroba, me dan ganas de contestar, pero, por si las moscas, o por si la última arepa que se ha tomado este orangután le ha sentado mal, le digo la especialidad, el año en la que la terminé, la dirección de la escuela en la estudié y hasta el número de promoción que obtuve.
¿ Y que nota sacó en la asignatura de Termodinámica de Fluidos de tercer curso? Intuyo que va a ser su siguiente pregunta, pero no, se conforma con preguntarme que son los sobres marrones que llevo.
"Cartas de felicitación de niños apadrinados que llevo a España".
"Aha" - contesta como si supiera de que le estoy hablando.
Sigue el minucioso registro y cuando finaliza con el mismo detalle vuelve a dejar todo en su sitio, ordenado tal cual estaba. O tiene memoria fotografía aquí el man o es un experto jugador de Tetris.

Antes de que me devuelvan a la sala de espera mientras, supongo, comienza el registro del siguiente aprovecho y me acerco al adolescente y le murmuro: "si te pregunta qué has estudiado dile si fuiste por ciencias o por letras que te ahorras una pregunta y no nos sobra el tiempo".

Por fin embarcamos, despegamos, nos metemos unas divertidas sacudidas a mas de 8000 pies y aterrizamos en El Dorado, no el que buscaban los conquistadores españoles sino el aeropuerto internacional de Bogotá.








miércoles, septiembre 8

Cena de despedida

Por la mañana me esperaba un nuevo regalo del cielo a través de uno de sus ángeles. Hilary Sofía, la niña que conquistó mi corazón el primer día que llegué al comedor y a la que tanto me costó acercarme, se ha acercado ella a mí y metiendo su manita en el bolsillo me ha hablado por primera vez y me ha dicho: ¡ Mire ! mientras me mostraba una chocolatina que me traía de regalo desde casa. Esta vez el que se ha quedado sin palabras he sido yo y he tenido que darla un abrazo para que no viera como se me empañaban los ojos.

No me ha quitado ojo mientras comía y al final, antes de irse, se ha vuelto a acercar para dejarse dar un beso mientras me sonría, ya sin ningún tipo de recelo. Incluso se ha dejado hacer una foto con su familia, su madre y su hermano Jose Emmanuel.


La otra Sofia, Laura, ha venido corriendo por todo el pasillo para darme un abrazo y al marcharse se ha ido de espaldas por el mismo pasillo para no dejar de mirarme mientras me decía adiós con su manita. La hermana Fide no se lo podía creer.

La ultima de las "renacuajas" en besarme y abrazarme ha sido Emily, la niña de la eterna sonrisa que viene a comer con su hermano y una vecina. Que pena me va a dar tener que despedirme de estas criaturas.

Después de una tarde de compras, nos hemos acercado a la panadería-
restaurante, el negocio que regentan las hermanas para tratar de autofinanciarse, porque nos han hecho una cena de despedida muy entrañable. Estaban todas las hermanas, incluidas las del hogar Sula y Amparo, y la provincial que estaba de visita esta semana.

Ademas de darnos las gracias con un discurso precioso, nos han regalado un pantalón corto a cada uno, un "mocho" como se llama aquí, muy bonito. Nos han sacado la lágrima otra vez y nosotros casi a ellas cuando les hemos dado la réplica. Yo solo he podido decir lo que me salía de dentro: "por cada gramo de amor, de cariño, de amistad que hemos traído, nos llevamos una tonelada". Y así lo hemos sentido los dos, sin ninguna duda.

A la vuelta, nos hemos despedido de Doña Consu, la cocinera, de su marido y de sus tres encantadoras hijas que se han deshecho en abrazos y nos han vuelto a poner la carne de gallina con sus palabras y sus gestos de cariño.

La maleta nos espera...pero no tenemos ganas de hacerla.

martes, septiembre 7

El amigo secreto

Cuando estuvimos en la casa de Doña Consu, la cocinera, sus hijas nos liaron en el juego del "amigo secreto". Se escriben los nombres de los participantes en un papelito, se doblan, se meten en una bolsa y cada uno saca un papel. La persona que aparece escrita en el papel se convierte en el amigo secreto durante el tiempo que se determine y al final se le compra un regalo y se descubre todo con la entrega. Hasta aquí más o menos como hacemos en España no? Pues aquí, como no, le dan una pequeña variante gastronómica al asunto y es que durante ese tiempo, se tiene que "endulzar" al amigo secreto mandándole de forma anónima claro, dulces varios.

Así que nos hemos tirado 10 días enviando y recibiendo bombones, pastelitos, piruletas y caramelos varios, disparándonos más si cabe el ya de por si alto nivel glucémico desde que estamos en estas tierras.

Ayer se descubrió todo durante una cena que la cocinera organizó en su casa en nuestro honor y a modo de despedida. La verdad es que fue muy divertido y a la vez entrañable porque otra de las diferencias es que , aquí, antes de la entrega la persona que lo hace tiene que detallar las virtudes que más le sorprendan de su amigo secreto. Y claro, más almíbar todavía, esta vez en forma de palabras.




Yo fui el amigo secreto de la hermana Claudia, la única monja que participaba por votación popular y aunque me regaló una camiseta preciosa, las palabras con las que me la "envolvió" fueron mucho más bonitas aún. Además, se esmeraron en hacernos un plato especial, pescado, que para ellos es un artículo de lujo con lo que nos sentimos halagados en todo momento.

La verdad es que la hospitalidad que ofrecen sorprende. Te sientan en su mesa y te dan todo lo que tienen, aunque les suponga tener que apretarse el cinturón para el resto de la semana por haberse esmerado con nuestra cena. Pero doña Consu lo quería hacer porque dijo que le habíamos ayudado mucho en la cocina mientras hemos estado aquí. (Aquí que un hombre recoja la mesa y friegue es ciencia ficción).

Nos despedimos de la familia y a dormir un poco que mañana viene un día completo. El ultimo...




lunes, septiembre 6

El Hogar de las niñas (parte 3)

Domingo, hoy toca visita al hogar. Nos toca madrugar porque las hermanas tienen una jornada de retiro en una finca en la montaña y nos tenemos que ir con ellas. El centro es un pequeño búnker en el barrio, con alambradas, candados y pestillos en todas las puertas y alarma centralizada, así que cuando se van todas y no queda nadie lo dejan bien cerrado todo.

Iñigo y yo hemos ido a desayunar a una terraza de Pereira, en una cafetería que se llama "Buñuelos días". ¿A que adivináis su especialidad? Pues si, buñuelos. Pero aquí los buñuelos no son como los conocemos en España, ligeros, etéreos casi. No, no, aquí son como pelotas de tenis, compactos, sabrosos y, como toda masa que se precie en Colombia, rellenos de queso. Pero hay que decir que con un cafecito entran genial.

Pereira los domingos por la mañana es como si hubiera sido víctima de un ataque nuclear. No solo por el estado de sus casas y calles, que solo por eso ya lo puede parecer, también porque apenas hay gente hasta las 12. Con lo que comen, seguro que tienen unas digestiones pesadísimas y no pueden dormir dando vueltas en la cama y luego se les pega las "cobijas" (o sea, las mantas).

Sobre las 9:30 las niñas ya estaban casi preparadas para ir a misa. Sula, como siempre, les había hecho un peinado distinto a cada niña y para allí que hemos salido en fila de a dos salvo en mi caso que llevaba a una niña en cada mano.

La misa como siempre entretenida, si no de que me pillan a mi en una de estas dos veces el mismo año. Al finalizar me presentan al párroco que me saluda con mucha cordialidad. Tienen mucho respeto a los españoles.

Vuelta para comer al Hogar y vuelta a volver a vivir las mismas sensaciones que la primera vez: todas las niñas sentadas en su sitio, esperando a ser servidas, con un orden y respeto que era increíble. Las mayores ayudando a servir a las mas pequeñas y a recoger. Las pequeñas revoltosas como siempre que hay visita pero aun así, con un respeto a la hermana Amparo que es verla aparecer en el comedor y todos los ánimos se aquietan. Y lo curioso es que de verdad la respetan, no la temen. Ha conseguido mantener el equilibrio necesario entre la autoridad y el cariño con su forma tan especial de hacer las cosas.

Sesión de fotos después de comer, las encanta que se las hagan y encima posan, son unas coquetas impresionantes. Ved, si no, una muestra:






He llevado la camiseta del grupo de monte al que pertenezco, "Sigue al burro", porque dijimos que íbamos a hacernos fotos con ella durante nuestras vacaciones. Aquí va la mía:



Después de la cena, fila en la cola del baño para cepillarse los dientes, beso de despedida y a la cama. Cheica aprovecha una vez más para decirme: "¿Che va a chedá a domí, verdá ?" y a pedirme que la suba por decimoquinta vez en brazos.

Ceno con Marisol (el mejor ejemplo de la labor del Hogar porque fue una de las primeras niñas recogidas hace más de 20 años y ahora esta estudiando la carrera de violín y trabajando en el propio Hogar como auxiliar), Sula y Amparo, unos chuzos de pollo riquisimos (pinchos a la brasa).

Me subo en taxi al Centro, charlamos un poco con las hermanas mientras ellas cenan y a la camita a descansar, que hoy nos lo hemos ganado.

Jornadas con las familias apadrinadas

Una vez al año se celebra un encuentro lúdico con los padres e hijos que participan en el programa de apadrinaje. Este año se ha hecho en el Gimnasio Pereira, un colegio de chicas que ha cedido el polideportivo para el acto. Casi doscientas personas realizando juegos, talleres de cuentacuentos, bailes, etc.


La primera actividad ha sido dar un paseo por el colegio para que la gente lo viera. Peleas entre los peques a ver quien nos daba la mano. Han ganado Kimberly y Yojan (no, no es un error, lo escriben así, igual que Stiven, Brayan, Dahiana, Yeison, etc.)

A la 1:30 un sabroso almuerzo. Adivináis el menú? Siiiiiii, arroz, pollo, chorizo, patatas cocidas y arepas. No se cansan de comer casi todos los días lo mismo. Es increíble. La verdad es que después de estar todo el día ayudando en la organización, tenía un hambre que a poco me como hasta el plato de plástico. Así me preparo para el vuelo de vuelta con Iberia, he pensado.


La verdad es que la gente se lo ha pasado genial bailando, pintándose, dándose masajes, etc. Nosotros hemos acabado medio muertos sobre todo después de tener que servir más de 200 almuerzos.


El fin de fiesta ha sido una clase de biodanza impartida por la Mónica, la psicoterapeuta del centro y a las 5 de la tarde despedida y cierre. Eso si, de despedida se entregaba un "dulcito". Confirmado: aquí se come a todas horas.

Aquí me veis con Valentina que no se me ha despegado en toda la jornada. Las niñas tienen tan degradada la figura masculina por culpa, la mayoría de las veces de sus propios padres o tíos, que cuando un hombre les da cariño, besos, abrazos, o simplemente les sonríen, una vez vencido el recelo inicial, se deshacen en ternura.



viernes, septiembre 3

Taller de panadería

Ayer aproveché que había taller de panadería para pedirle a la profesora, doña Omaira, que me hiciera un bizcocho para el tiramisú. En 5 minutos habíamos hecho la masa con la máquina que tiene y en otros 7 minutos mas la habíamos horneado. La dejamos enfriar y la cortamos en dos pedazos que me sirvieron de base para mi postre.

Al taller acuden 7 u 8 niños que han montado una microempresa. Hacen galletas, las envasan y las venden. Estas son las bandejas recién salidas del horno y los "artesanos":



Después las embolsan y las venden: 5 galletas por 600 pesos, apenas 25 céntimos de euro. Este es el resultado final:



Con las ganancias compran materiales para hacer más galletas y lo que ahorran lo guardan para Navidades.

Antes de la cena nos pusimos a hacer el tiramisú Adriana y yo. A punto estuve de echarlo a perder porque se me olvidó emborrachar la ultima capa pero Adri tuvo una buena idea y al final quedo casi perfecto. El "casi" se debe a que la hermana Luz Mila no tuvo mejor idea que picotear una esquina del bizcocho que estaba un poco desprendida dejando la capa de arriba con un mordisco impresionante, así es ella, feliz hasta con los despistes.

Este es el resultado final:



Para comérserlo a que si? En la foto no se aprecia muy bien pero la bandeja es tan grande que ocupaba toda una balda de la nevera, de lado a lado...

El comedor

Aunque voy casi todos los días, de 11 a 1 del mediodía, no deja de sorprenderme. Mi tarea es servir el zumo de una cazuela en la que caben 30 o 40 litros con una jarra a modo de cazo y ayudar a servir las mesas llevadores los platos a los niños y a los ancianos. Solo se aceptan en el comedor las personas con verdaderos problemas de subsistencia: ancianos sin recursos, niños pertenecientes a familias desestructuradas o con problemas económicos y madres recientes o embarazadas.

Los niños son lo mejor de todo porque casi siempre, salvo contadas ocasiones, vienen con la mejor de sus sonrisas. Traen su propio plato hondo, su cuchara y su vaso (pocillo). Dejan el plato en el mostrador de la entrada y dicen "harto" cuando quieren mucho o "poquito" cuando no. Dejan su vaso en la mesa donde se reparte el zumo y se sientan donde les apetece y hay sitio libre, aunque como en todas partes, casi siempre de sientan en la misma mesa de todos los dias.



Los ancianos se dividen en dos grupos. Los agradecidos y risueños, que vienen igual que los niños y al marcharse siempre nos dicen "Dios se lo pague" con una sonrisa de oreja a oreja y los que, quizás por pura vergüenza, comen sin decir nada y se marchan sin ni siquiera despedirse. Gracias a Dios, estos últimos son los menos.

De vez en cuando, tenemos que darle de comer a algún niño o niña remolona. Hasta ayer mismo a Luisa casi todos los días. Hoy ha tocado a Jessica que estaba perezosa, aunque mas sospecho que mimosa sin más. No están acostumbrados a estos gestos de cariño y les encanta sentirse cuidados ¿a quien no?.



Siempre me da infinita ternura verles avanzar por el pasillo con sus platos y vasos, como mezclan la comida (lo seco que llaman ellos con la sopa), como comen con la cuchara lo mismo la carne que la pasta o el arroz, como reconocen sus vasos por las abolladuras, como limpian ellos mismos la mesa si la manchan y derraman comida y como se van por ese mismo pasillo, con la bolsita de plástico en una mano y el vaso de zumo en la otra, apurando cada gota como si fuera el último que fueran a beber.

El otro día me preguntaron si no había chicos también. Pues si que los hay, pero son los menos (como en tantos sitios, la mujer está mucho mas castigada) y no son tan coquetos como las chicas y cuesta más que se pongan para dejarse hacer fotos. Aquí va una muestra:




Lo conseguí ...

Hoy en el comedor me esperaba una de las sorpresas mas bonitas de mi estancia en Las Brisas. La he visto avanzar por el pasillo como todos los días, de la mano de su hermano, y como todos los días, esperaba que me mirase con recelo y se sentara en su mesa a comer con su madre sin hacerme caso. Pero hoy ha venido hacia donde yo estaba, se ha quedado parada a mi lado y me ha dejado darla un beso y un abrazo. Me ha mirado con sus ojazos y me ha derretido. Hilary Sofía. La inalcanzable.

Durante toda la comida no dejaba de mirarme, y al terminar, ha vuelto de nuevo a mi lado a despedirse. Había que ver la cara de sorpresa de su madre cuando incluso se ha dejado hacer una foto en brazos (aunque el pulso de la hermana Fide la ha dejado un poco borrosa).




Luisa, como siempre, ha llegado de las ultimas pero hoy nos ha sorprendido a todos también porque ha comido sola. La primera vez en mucho tiempo, me ha dicho Fide. Se ha ganado una foto de premio.



A la que tengo definitivamente ganada para la causa es a Laura Sofia. Ya no hay día que según entre en el comedor no se arroje en mis brazos y me dé uno de sus mas tiernos besos. Después me coge la mano y se queda así, mirándome con dulzura, hasta que viene su tía a por ella y se la lleva a la mesa. Al acabar, vuelve a repetir la maniobra y se despide de mi con otro abrazo y un par de besos que me llenan mas que una puesta de sol en la mejor de las playas. No me digáis que no está para comérsela...




La nota triste es que hoy ha faltado Mariana, la niña que mas me preocupa del todo el comedor por lo asustada que parece siempre. Me ha dicho su madre, que ha venido a buscar su comida, que estaba enferma. Debe de haber una especie de epidemia de gripe (que aquí llaman "gripa"). Pobrecilla, si sana ya lo pasa mal, como lo estará pasando encima con gripe.



A la tarde he subido a la panadería para hacer el bizcocho (bizcochuelo) con la profesora de pastelería, Omaira. Voy a prepararles un tiramisú y como no he encontrado la base que suelo utilizar allí en España al final henos tenido que hacerlo todo casero. Mas rico saldrá, seguro. Menos mal que he encontrado el queso mascarpone porque si no, no me imagino como habría podido solucionar la papeleta.

jueves, septiembre 2

Fotos varias

Os pongo una fotos para que vayáis conociendo al resto de las niñas, tanto del hogar como del comedor.






















miércoles, septiembre 1

Hoy toca mercado

Lizzy, una de las profesoras laicas del centro, se encarga de dar clases de apoyo a los alumnos que tienen problemas en la escuela: de lectura, escritura, asignaturas concretas, etc.

Una de las alumnas es mi otro "gran amor" en Las Brisas. Se llama Lina y es la pequeña de dos hermanas que vienen todos los días al comedor del centro. Morena, delgadita y una cara de picarona y de bicho que no puede con ella. Un terremoto hecho niña que siempre va corriendo a todas partes y que lleva prendida la más bonita de las sonrisas.




Ya os enseñaré un video en el que se la ve compitiendo por hacer la vuelta más rápida al circuito de los columpios como si fuera una pista americana saltando por encima de todos los obstáculos al estilo de la teniente O'neil en la peli.

Hoy me ha tocado acompañar a Adriana, la mas joven y risueña de las Hermanas, a hacer las compras al supermercado Exito, una especie de Carrefour pero en local. He aprovechado para dar una vuelta por las estanterías y pasillos. Muchas curiosidades comparado con los de España. Apenas hay envases de vidrio, casi todo viene en plástico, hasta la mayonesa, el ketchup, la mermelada, etc. He vuelto a ver bolsas de leche que hacia siglos que no veía en Bilbao. El jabón de fregar los cacharros en pastilla. El arroz por sacos de 5 kgrs. En la sección de frutería apenas he reconocido la piña y los plátanos, el resto frutas exóticas (para nosotros, claro, para ellos son las normales). La sección de chocolates casi desierta (por eso me pidieron que trajera desde Bilbao). Pero nos hemos reido un rato, con ella es impensable no hacerlo.



Antes del volver al centro hemos pasado por el Hogar de las niñas y las he vuelto a ver. Las mas mayores salían para el colegio, impecablemente vestidas y peinadas, cada una con su paragüitas de colores. Otras estaban terminando de comer y al verme se han alborotado un poco y me han bombardeado a preguntas: que cuando iba a volver, que cuando me iba a quedar a dormir, que tocara el techo saltando (el otro día las hizo gracia). Estaban para comérselas. Una de las bebes, Cata, que padece hidrocefalia y por la que los médicos no daban ni días (lleva ya en el hogar meses y cada día esta mas guapa y feliz) estaba llorando en la trona y al acercarme a ella me ha cogido un dedo con toda su manita, me ha sonreído y se ha calmado. Juraría que me ha reconocido.



Hemos dejado a las niñas y hemos vuelto al Centro a las 12:50, unos minutos antes del cierre del comedor. Según he entrado una de las niñas, Luisa, se ha levantado de la mesa, se me ha echado a los brazos y me ha dado un beso que me ha empañado los ojos. La hermana Fide, que es la encargada del comedor, no ha podido evitar una sonrisa de oreja a oreja. Durante nuestra comida me ha confesado que muchos niños y niñas le han preguntado por mi, extrañados de no verme allí repartiendo el zumo o dando de comer a los mas rezagados. Luisa es una de ellas, de las rezagadas. Llega tarde y come muy lento y a veces o Fide o yo tenemos que ayudarla dándole. Hoy no ha hecho falta, ha sido sentarme a su lado y ver como comía ella sola. Se ha despedido con otro sonoro beso y con una amplia sonrisa al decirle que mañana iba a volver a estar allí.

Es increíble comprobar como el mas mínimo gesto de cariño con un niño de estos supone tanto para ellos (bueno, y para mi, porque me lo devuelven multiplicado por mil).






Fuegos artificiales

Ayer por la tarde fuimos a Pereira, la ciudad mas cercana al barrio de Las Brisas y de la que depende administrativamente, a ver los fuegos "pirotécnicos". Muy flojillos comparados con los de la Semana Grande de Bilbao pero a la gente de acá, cualquier cosa que la saque de la rutina le encanta y estaba una de las plazas principales llena de gente. El ambiente en la calle invita a sentarse en cualquier sitio y a ver pasar a la gente. Con lo curioso que soy apenas doy abasto, no me da tiempo a mirar todo lo que quiero y como me han recomendado que en el centro no saque la cámara tengo que confiar en mi memoria para luego contarlo.

Después de los fuegos nos hemos metido en el centro comercial Victoria, la versión local del Artea. Las hermanas Adriana y Luzmila se han tomado una ensalada de frutas, yo un bocadillo impresionante de rico de ternera con pan blando. Mientras nos lo comíamos nos hemos reído un buen rato viendo pasar a la gente y haciendo comentarios.

Aquí para decir que una mujer es atractiva se la dice "mamasita" o "bizcocho". La relación de la vida cotidiana con la comida es constante. Para todo. Es increíble lo que comen los colombianos. Y cuantas veces al día. Mi maleta va a volver con unos kilos de menos que seguramente me llevaré yo puestos de más.

Se morían de risa cuando me extrañaba de lo pechugonas que son las colombianas. Si pasaron 50 mujeres por delante de nosotros en el tiempo que estuvimos cenando, la mayoría tenía una talla de 100 para arriba. Increíble, decía yo. Y ellas que no, que es lo normal. Encima, me dijeron, la que no nace así, se pone implantes. Acabáramos. Así cualquiera.

¿Que es lo que mas te gusta de las mujeres? - me preguntó la hermana Luzmila con un punto de malicia para ver que respondía.
"La sonrisa", contesté, y que me perdone Dios por haber mentido a una de sus empleadas.

Acabamos la cena, los comentarios jocosos sobre las colombianas y nos volvimos al centro a dormir como los angelitos.




lunes, agosto 30

El Hogar de las niñas (parte 2)

Después de comer, las niñas se sentaron ordenadamente en el suelo de la ludoteca para ver la tele. Se les repartió una piruleta (Bombom Bum como las llaman aqui) mientras veían una película. Una de ellas se encargaba de recoger los envoltorios. Otra de recoger los palillos cuando terminaron. Todo con un orden impecable, sin peleas, sin gritos.


A las 3 vino el profesor de baile. Una vez a la semana les dan clases de diferentes ritmos para mejorar su coordinación. Había que verlas bailar. Ya os enseñaré un video que tengo grabado. Una de ellas, Angie, se movía con un ritmo increíble y es una renacuaja que no levanta dos palmos del suelo, está claro que lo llevan en la sangre.

Después llegaron visitas, una pareja de italianos que se llevaban en adopción a una chica, Juana, que con tan solo 10 años les dio un discurso al resto de niñas que nos puso a todos los adultos el corazón en la garganta por lo emotivo. Os resumo:
- Os digo que no tengáis miedo cuando llegue el momento de la adopción. Porque los nuevos padres vienen a darnos una familia. Y también un corazón. El corazón que a todas nosotras nos han roto. Pero ellos, no lo van a volver a hacer.


Al final, un poco de desenfreno, no siempre las tienen tan contenidas. Son niñas al fin y al cabo, como dice Amparo, tienen que soltar toda su energía. Algunas acaban castigadas por pasarse de la cuenta. El castigo típico es tener que dejar la zona de juegos y quedarse en la habitación durante el tiempo que consideren necesario o comer en el pasillo en vez de en la mesa con todas, como le tocó a Yeica ayer (bueno, en realidad, le toca casi todos los días por lo que nos cuentan porque está hecha un bicho y es de las mas revoltosas). Nadie refunfuña cuando le toca. Saben que han hecho algo y no discuten. Amparo y Sula casi siempre negocian, no imponen, y han conseguido hacerlas comprender la importancia del respeto y de la obediencia.



Después de la cena, se celebran los tres cumpleaños, se soplan las velas de la torta mientras las demás les cantan el cumpleaños feliz y se les entregan regalos a las cumplidoras.

Llega el momento de ponerse el "piyama", cepillarse los dientes y de la reflexión. Amparo reúne a las mayores, se sientan en circulo en el suelo y las pregunta a ver que tal han pasado el día. La que quiere decir algo levanta la mano y habla. Ayer dieron las gracias por tener un dia tan feliz, por haber tenido la suerte de que fuéramos a visitarlas y compartiéramos nuestro tiempo con ellas (literalmente) y por haber celebrado el cumpleaños entre todas. Os aseguro que esas palabras, en boca de una niña de 6 años, cobran un valor que no os podéis imaginar.

Beso de despedida y desfile hacia la cama. La mas avispada se ponía dos veces a la cola para recibir ración doble, Kenia se puso 3 veces y porque la pilló la hermana Amparo.

Terminé el día cenando con Amparo y Sula, un tamal riquísimo, en la tranquilidad de una casa en la que hacia tan solo unos minutos había 21 fierecillas juguetonas. Cogí un taxi de vuelta al centro y después de charlar un rato con las hermanas y con Iñigo caí rendido en la cama.

Había sido un día muy intenso. Entré en el Hogar con las manos vacías y salí lleno de abrazos, de cariño, de besos, de muestras de ternura que resonarán durante mucho tiempo en el recuerdo.

Gracias niñas, Amparo, Sula, Claudia y Marisol por haberme acogido por una tarde en un hogar tan especial y selectivo.




Un día en el hogar de las niñas

El Hogar es otro de los proyectos de la ONG. Cuando entras, si llevas en la cabeza la idea que siempre nos han ofrecido las películas de los orfanatos, el choque no puede ser mas grande. Encaja mas con la idea de una residencia de señoritas, pero en vez de universitarias con pósters de cantantes famosos y futbolistas, aquí habitan niñas de 3 a 12 años con pósters de La Sirenita, Blancanieves o La Bella Durmiente de Disney. Todo impecablemente limpio y ordenado. Con un colorido que refleja alegría y luz. Los dormitorios, con sus dos o tres camitas, sus nombres en las puertas, sus armarios de ropita multicolor, parecen sacados de una revista de decoración.

Al frente de esta casa de acogida esta Amparo, la hermana Amparito como la llaman cariñosamente las propias niñas. Una vasca de Irún que vino hace 30 años a Colombia y ya no se fue. Reparte cariño y disciplina por igual, no escatima un beso o un abrazo pero tampoco un castigo cuando la niña se lo merece. Su cara, seria al principio, te hace pensar en una especie de señorita Rotenmeyer dedicada a impartir disciplina, pero en cuanto pasa cerca de uno de los 3 bebes enseguida le cambia
el gesto y la dulzura le puede. Cuando le habla a las niñas siempre emplea un tono serio pero afable, y a ella se las nota que la quieren y la respetan como a la madre que no tienen.

La acompaña y ayuda, Sula, otra hermana, de aquí, de Colombia. Un metro setenta y cinco que impone al principio por su aspecto pero a la que enseguida le delatan los gestos de tener un corazón tan grande como su estatura. Tan buena cocinera como comedora. Hoy ha hecho una torta inmensa para celebrar 3 cumpleaños y daba gusto oír a las niñas darla las gracias mientras se la devoraban.



La experiencia con las niñas ha sido increíble, es imposible describirla con palabras. Según entras en la casa, se van asomando tímidas para conocerte, después empiezan a perder la vergüenza y a media mañana te das cuenta de que llevas a tres de ellas subidas a las piernas y a una cuarta en la espalda mientras las demás esperan que se bajen para subir ellas.

Cuando llegamos al hogar las estaban preparando para ir a misa. Sula las hace un peinado distinto a cada una de ellas (y son 21 niñas nada menos) y cada día cambia de peinado para que ninguna niña repita de un día para otro. Como somos la novedad del día (aunque a Iñigo ya le conocen de sobra) se pelean por ir de nuestra mano a la iglesia a tan solo 5 minutos del Hogar. Las que me toca llevar a mi no paran de mirarme durante todo el trayecto y no quieren soltarme la mano ni cuando se estrecha la acera y no podemos pasar todos juntos.

Al llegar a la iglesia, un recinto abierto, lleno de color y con las banderas de los países en los que están desplazados los familiares colgadas, ellas se sientan en un banco y nosotros detrás. Allí compruebo que cada niña lleva su propio peinado. Van tan limpias, bien peinadas y formales que parece mentira que estén viviendo en una casa de acogida separadas de sus padres biológicos. Como le gusta decir a Amparo, "son las más limpias, educadas y respetuosas del barrio". Algunas de ellas, además, ayudan en la liturgia a modo de monaguillos. La misa es muy amena porque el sacerdote canta la mitad del tiempo acompañado por un órgano electrónico (organeta que llaman aquí).

A la vuelta la hora del almuerzo, se sientan todas en su sitio y con una educación increíble esperan a ser servidas, y se comen el plato de sopa y el del "seco" sin rechistar, aunque hay alguna un poco mas lenta que otra, no dejan ni una miga en los platos.



(... continuará...)

domingo, agosto 29

Excursión a las Termas de San Vicente

Hoy hemos pasado el día en una excursión organizada para los abuelos y abuelas del barrio de Las Brisas a las aguas termales de San Vicente en el termino de Santa Rosa.

Lo normal habría sido un viaje de una hora mas o menos para cubrir una distancia de 70 kms. pero aquí en Colombia las cosas llevan otro ritmo, tienen otra medida. Si vierais las carreteras lo entenderíais. De momento, viendo el autobús que nos ha llevado es suficiente para hacerse una idea.



A este tipo de bus lo llaman "chivas" o "escaleras", son abiertos, de asiento corrido y antes viajaba gente en la parte de arriba. Nos dicen las hermanas que todavía en algunos pueblos se viaja así.

Aquí las contratan para llevar mucha gente a lugares de difícil acceso que pueden presentar problemas para los autobuses mas modernos.

Una vez allí nos hemos cambiado para ponernos el bañador, y con la toalla y las chancletas hemos disfrutado de lo que llaman "Grand Spa": una piscina al aire libre de agua caliente, 3 chorros de agua fría, un lago de cieno que apestaba (y en el que la gente se metía hasta las cejas) y Los Pozos del Amor (o sea, un pozo de agua caliente al que tuvieron que ponerle un nombre exótico para que la gente tuviera por lo menos curiosidad por ir a verlo). (A la vista de las instalaciones no se que nombre le pondrían los dueños de este negocio al Spa de La Concha).

A las tres el almuerzo: sopa, arroz, alubias negras, pescado o carne, patacón (plátano aplastado frito) y zumo de piña. De postre, café con aguapanela (azúcar de caña mezclada con agua) y queso de Burgos (que aquí, claro, no se llama así). Total, una bomba para el estómago.




La vuelta parecida, dos horas dando botes en la chiva con los abuelos y abuelas cantando canciones populares, tocando el silbato y gritando cada vez que pasábamos por alguna población. Las caravanas del domingo cuando volvíamos de Medina en el bus de línea y el conductor llevaba el carrusel Deportivo en la radio a todo trapo me han parecido hoy una delicia comparadas con el trayecto de vuelta...