sábado, agosto 28

Comedor comunal

Todos los días, entre las 11 y la 1, se sirve la comida a los necesitados del barrio. Acuden con su plato, su vaso (pozillo) y se van sentando casi siempre en los mismos sitios. Se les sirve un plato de sopa y otro de "seco" que contiene arroz (absolutamente todos los días - es como nuestro pan), ensalada y a veces pollo, otras veces res (carne), y casi nunca pescado. A los mayores se les da una vaso de jugo (zumo, cada día de un sabor distinto), a los pequeños también después de comer y a los mas pequeños y a las gestantes, leche.

Me encanta ver como desarrollan su picaresca para tratar de engañarme para que les de el vaso antes de terminar y de como se ríen cuando lo consiguen.

A los mas remolones (o sea, a los mas necesitados de cariño y atención) les ayudamos a comer dándoles nosotros mismos.







Es muy gratificante ver como se aprenden tu nombre (yo me esfuerzo también en aprender el suyo), como te preguntan cualquier cosa solo para oirte hablar en "español", y como buscan tu mirada por todo el comedor solo para lanzarte una sonrisa que a veces te llena mas que un premio de la lotería. Como cada día se acercan mas a ti, tienen menos "pena" (aquí significa vergüenza) y como van cambiando recelo por cariño.

La primera niña que me robo el corazón, Laura Sofia, ahora según entra en el comedor viene a darme un beso y un abrazo y me provoca el primer "empañamiento" de ojos. El caso mas triste es el de Mariana, una niña que viene sola, se sienta a comer sola también y se va la mayoría de las veces sin haber hablado con nadie después de tardar en comerse su plato mas de una hora. Estoy tratando de acercarme poco a poco porque de lleno se cierra. Hoy he conseguido hablar con ella, todo un avance según la hermana encargada del comedor pero no me ha dejado darle de comer. Otro reto por conseguir antes de irme. La historia que me han contado de sus condiciones de vida justifican cualquier actitud, y mas aun en una niña que no tiene ni 6 años. El contrapunto triste a las sonrisas perpetuas de sus compañeros y compañeras (como Jessica, Jenny o Surani)