
A las 3 vino el profesor de baile. Una vez a la semana les dan clases de diferentes ritmos para mejorar su coordinación. Había que verlas bailar. Ya os enseñaré un video que tengo grabado. Una de ellas, Angie, se movía con un ritmo increíble y es una renacuaja que no levanta dos palmos del suelo, está claro que lo llevan en la sangre.
Después llegaron visitas, una pareja de italianos que se llevaban en adopción a una chica, Juana, que con tan solo 10 años les dio un discurso al resto de niñas que nos puso a todos los adultos el corazón en la garganta por lo emotivo. Os resumo:
- Os digo que no tengáis miedo cuando llegue el momento de la adopción. Porque los nuevos padres vienen a darnos una familia. Y también un corazón. El corazón que a todas nosotras nos han roto. Pero ellos, no lo van a volver a hacer.

Al final, un poco de desenfreno, no siempre las tienen tan contenidas. Son niñas al fin y al cabo, como dice Amparo, tienen que soltar toda su energía. Algunas acaban castigadas por pasarse de la cuenta. El castigo típico es tener que dejar la zona de juegos y quedarse en la habitación durante el tiempo que consideren necesario o comer en el pasillo en vez de en la mesa con todas, como le tocó a Yeica ayer (bueno, en realidad, le toca casi todos los días por lo que nos cuentan porque está hecha un bicho y es de las mas revoltosas). Nadie refunfuña cuando le toca. Saben que han hecho algo y no discuten. Amparo y Sula casi siempre negocian, no imponen, y han conseguido hacerlas comprender la importancia del respeto y de la obediencia.

Después de la cena, se celebran los tres cumpleaños, se soplan las velas de la torta mientras las demás les cantan el cumpleaños feliz y se les entregan regalos a las cumplidoras.
Llega el momento de ponerse el "piyama", cepillarse los dientes y de la reflexión. Amparo reúne a las mayores, se sientan en circulo en el suelo y las pregunta a ver que tal han pasado el día. La que quiere decir algo levanta la mano y habla. Ayer dieron las gracias por tener un dia tan feliz, por haber tenido la suerte de que fuéramos a visitarlas y compartiéramos nuestro tiempo con ellas (literalmente) y por haber celebrado el cumpleaños entre todas. Os aseguro que esas palabras, en boca de una niña de 6 años, cobran un valor que no os podéis imaginar.
Beso de despedida y desfile hacia la cama. La mas avispada se ponía dos veces a la cola para recibir ración doble, Kenia se puso 3 veces y porque la pilló la hermana Amparo.
Terminé el día cenando con Amparo y Sula, un tamal riquísimo, en la tranquilidad de una casa en la que hacia tan solo unos minutos había 21 fierecillas juguetonas. Cogí un taxi de vuelta al centro y después de charlar un rato con las hermanas y con Iñigo caí rendido en la cama.
Había sido un día muy intenso. Entré en el Hogar con las manos vacías y salí lleno de abrazos, de cariño, de besos, de muestras de ternura que resonarán durante mucho tiempo en el recuerdo.
Gracias niñas, Amparo, Sula, Claudia y Marisol por haberme acogido por una tarde en un hogar tan especial y selectivo.


