jueves, septiembre 9

Embarcando para Madrid

La pulsera (reliquia como la ha llamado ella) que me acaba de entregar Fidelina en el aeropuerto de Pereira parece que empieza a funcionar. La chica que me da la tarjeta de embarque me avisa que por tener la Iberia Plus, la empresa me ha pasado a primera clase. Ahí es nada. Suelto un "yujuuuuuuu !!!!!!!" que ni Homer Simpson cuando ve una hamburguesa doble.

En el control de equipajes no tengo tanta suerte y una pequeñaja, bigotuda y mal encarada funcionaria me requisa los tres botes de arequipe (dulce de leche típico de allí) diciendo que esta prohibido meterlos. La fulmino con esta mirada que tengo que abre ostras a 8 metros pero ni por esas. No se achanta ni siquiera viendo las destinatarias de los paquetes (que son monjas porque se trata de un encargo de las hermanas de allí para las de aquí, en Bilbao). Así que antes de irme la digo: "ojalá se os vaya todo el dulce a las caderas" - aunque lo suficientemente bajito como para que no me oiga, no vaya a ser que encima me metan en un cuartucho y me quieran revisar con mas profundidad y pierda el vuelo. Me enrabieto un poco más cuando descubro que en todas las tiendas del Dutty Free del aeropuerto puedes comprarlo y llevarlo en la mano.

Qué rápido pasa el tiempo en Bogotá. La chica de la sala de espera de Iberia dice "en 15 minutos comenzara el embarque" y en menos de 3 segundos ya hay una fila de 40 pasajeros haciendo cola.

Rezo para que me toque una buena compañía o mejor incluso ninguna para ir más tranquilo. La pulsera vuelve a funcionar de nuevo porque se sienta a mi lado una colombiana de 26 años súper maja llamada Isabel Cristina, menos mal porque un viaje de estos con el típico o tipica chapas es para morirse.

Empezamos bien, no hemos despegado aun y ya nos están ofreciendo cava, zumo de naranja y agua en copas de cristal, y no en esos vasos de plástico que estarán utilizando los "apestosos" de clase turista (ainsssssss).

El asiento es como una cama reclinable, tiene hasta masajeador (lo juro), teléfono, televisor con vídeos, juegos, etc, y mando a distancia. Nos regalan un neceser de viaje y la manta abriga de verdad y no tiene pulgas como en turista.

Apenas una hora de vuelo y nos sirven la comida. Hombre, no está sacada del Arzak pero se puede comer con más dignidad que en el vuelo de ida. En vez de plástico poner loza y cristal. Tiene la pega de que si te quedas con hambre no te la puedes comer pero da un toque de distinción a los platos.

Nos atiende durante todo el vuelo la sobrecargo, Blanca, una mujer encantadora que se pasa todo el tiempo preocupándose por si estamos bien, como si fuera la novia el día de la boda con los invitados al banquete. Despega de Bogotá con una sonrisa preciosa y cuando aterrizamos en Madrid, casi 10 horas más tarde, la sigue teniendo. Una profesional como la copa de un pino. No lloro al despedirme de ella porque soy un tiarrón pero ganas me dan porque se que no voy a volver a tener tanta suerte volando nunca.

Encima llegamos puntuales a Madrid y no tengo ni que hacer espera. Me cambio de terminal, embarco y salimos para Bilbao...pero esa es ya otra historia.







Embarcando para Bogotá

Cosas que dan susto: estar esperando en la sala de embarque de un aeropuerto de Colombia (Pereira, por ejemplo) para coger el avión hacia Bogotá y que pronuncien tu nombre a grito pelado. Me presento en el mostrador, y un tipo con un chaleco que pone Seguridad pero que transmite básicamente lo contrario me dice que le siga. Nos acompañan otras dos personas que también han llamado, un tipo con una pinta de malo cuya descripción encaja, seguro, con la mitad de los carteles de "se busca" del aeropuerto y, menos mal, un adolescente limpio y correctamente vestido.

Uy, uy, uy. Nos bajan por unas escaleras y nos empiezan a meter por unos pasillos cada vez más oscuros mientras pienso "demasiada suerte había tenido hasta entonces, ahora es cuando me la lían".
¿Usted ha forrado la maleta con plástico? - me pregunta de repente el hombre del chaleco.
Pues no, respondo, ¿ tendría que haberlo hecho? - pienso un poco mosqueado. El hombre le pregunta lo mismo al resto de acompañantes. La respuesta es la misma. A ver si resulta que para salir del país es obligatorio forrar la maleta, se me ocurre pensar. Pues no, no lo parece. Se despejan las dudas al llegar a un sitio que parece sacado de una película de malos, pero de muy malos. Imaginaos la escena: pie de pista, con los aviones acercándose o alejandose, un ruido infernal, frío y lluvia rancheada, todas las maletas del pasaje en el suelo, las nuestras apartadas. Un policía gordo, de esos que en las pelis están comiendo siempre donuts (en este caso arepas porque es colombiano) sentado detrás de una mesa de oficina que está sacada del atrezzo de "Cuéntame" (me recuerda a la que tenía Antonio Alcantara cuando trabajaba de bedel en el ministerio, os acordáis?). Me hace subir la maleta sobre la mesa y abriría. Empieza a registrar la maleta con una minuciosidad que me hace consultar el reloj: si hacen eso con las otras dos maletas que quedan por revisar el avión despega con 2 horas de retraso fijo. En medio del registro me pregunta la profesión.
"Ingeniero técnico" - respondo.
¿ Ingeniero? - le cambia la cara - ¿ de que?
Yo pienso, ¿ que mas le dará? ¿Lo hará porque se aburre, porque tienen un escáner de temperatura y quieren comprobar si miento o porque esta interesado verdaderamente en mi profesión?
"Ingeniero de colocación de efectos personales, encargos varios y regalos para seres queridos en cubículos destinados al transporte de mercancías también conocidos como maletas" - no te joroba, me dan ganas de contestar, pero, por si las moscas, o por si la última arepa que se ha tomado este orangután le ha sentado mal, le digo la especialidad, el año en la que la terminé, la dirección de la escuela en la estudié y hasta el número de promoción que obtuve.
¿ Y que nota sacó en la asignatura de Termodinámica de Fluidos de tercer curso? Intuyo que va a ser su siguiente pregunta, pero no, se conforma con preguntarme que son los sobres marrones que llevo.
"Cartas de felicitación de niños apadrinados que llevo a España".
"Aha" - contesta como si supiera de que le estoy hablando.
Sigue el minucioso registro y cuando finaliza con el mismo detalle vuelve a dejar todo en su sitio, ordenado tal cual estaba. O tiene memoria fotografía aquí el man o es un experto jugador de Tetris.

Antes de que me devuelvan a la sala de espera mientras, supongo, comienza el registro del siguiente aprovecho y me acerco al adolescente y le murmuro: "si te pregunta qué has estudiado dile si fuiste por ciencias o por letras que te ahorras una pregunta y no nos sobra el tiempo".

Por fin embarcamos, despegamos, nos metemos unas divertidas sacudidas a mas de 8000 pies y aterrizamos en El Dorado, no el que buscaban los conquistadores españoles sino el aeropuerto internacional de Bogotá.