lunes, septiembre 6

El Hogar de las niñas (parte 3)

Domingo, hoy toca visita al hogar. Nos toca madrugar porque las hermanas tienen una jornada de retiro en una finca en la montaña y nos tenemos que ir con ellas. El centro es un pequeño búnker en el barrio, con alambradas, candados y pestillos en todas las puertas y alarma centralizada, así que cuando se van todas y no queda nadie lo dejan bien cerrado todo.

Iñigo y yo hemos ido a desayunar a una terraza de Pereira, en una cafetería que se llama "Buñuelos días". ¿A que adivináis su especialidad? Pues si, buñuelos. Pero aquí los buñuelos no son como los conocemos en España, ligeros, etéreos casi. No, no, aquí son como pelotas de tenis, compactos, sabrosos y, como toda masa que se precie en Colombia, rellenos de queso. Pero hay que decir que con un cafecito entran genial.

Pereira los domingos por la mañana es como si hubiera sido víctima de un ataque nuclear. No solo por el estado de sus casas y calles, que solo por eso ya lo puede parecer, también porque apenas hay gente hasta las 12. Con lo que comen, seguro que tienen unas digestiones pesadísimas y no pueden dormir dando vueltas en la cama y luego se les pega las "cobijas" (o sea, las mantas).

Sobre las 9:30 las niñas ya estaban casi preparadas para ir a misa. Sula, como siempre, les había hecho un peinado distinto a cada niña y para allí que hemos salido en fila de a dos salvo en mi caso que llevaba a una niña en cada mano.

La misa como siempre entretenida, si no de que me pillan a mi en una de estas dos veces el mismo año. Al finalizar me presentan al párroco que me saluda con mucha cordialidad. Tienen mucho respeto a los españoles.

Vuelta para comer al Hogar y vuelta a volver a vivir las mismas sensaciones que la primera vez: todas las niñas sentadas en su sitio, esperando a ser servidas, con un orden y respeto que era increíble. Las mayores ayudando a servir a las mas pequeñas y a recoger. Las pequeñas revoltosas como siempre que hay visita pero aun así, con un respeto a la hermana Amparo que es verla aparecer en el comedor y todos los ánimos se aquietan. Y lo curioso es que de verdad la respetan, no la temen. Ha conseguido mantener el equilibrio necesario entre la autoridad y el cariño con su forma tan especial de hacer las cosas.

Sesión de fotos después de comer, las encanta que se las hagan y encima posan, son unas coquetas impresionantes. Ved, si no, una muestra:






He llevado la camiseta del grupo de monte al que pertenezco, "Sigue al burro", porque dijimos que íbamos a hacernos fotos con ella durante nuestras vacaciones. Aquí va la mía:



Después de la cena, fila en la cola del baño para cepillarse los dientes, beso de despedida y a la cama. Cheica aprovecha una vez más para decirme: "¿Che va a chedá a domí, verdá ?" y a pedirme que la suba por decimoquinta vez en brazos.

Ceno con Marisol (el mejor ejemplo de la labor del Hogar porque fue una de las primeras niñas recogidas hace más de 20 años y ahora esta estudiando la carrera de violín y trabajando en el propio Hogar como auxiliar), Sula y Amparo, unos chuzos de pollo riquisimos (pinchos a la brasa).

Me subo en taxi al Centro, charlamos un poco con las hermanas mientras ellas cenan y a la camita a descansar, que hoy nos lo hemos ganado.

Jornadas con las familias apadrinadas

Una vez al año se celebra un encuentro lúdico con los padres e hijos que participan en el programa de apadrinaje. Este año se ha hecho en el Gimnasio Pereira, un colegio de chicas que ha cedido el polideportivo para el acto. Casi doscientas personas realizando juegos, talleres de cuentacuentos, bailes, etc.


La primera actividad ha sido dar un paseo por el colegio para que la gente lo viera. Peleas entre los peques a ver quien nos daba la mano. Han ganado Kimberly y Yojan (no, no es un error, lo escriben así, igual que Stiven, Brayan, Dahiana, Yeison, etc.)

A la 1:30 un sabroso almuerzo. Adivináis el menú? Siiiiiii, arroz, pollo, chorizo, patatas cocidas y arepas. No se cansan de comer casi todos los días lo mismo. Es increíble. La verdad es que después de estar todo el día ayudando en la organización, tenía un hambre que a poco me como hasta el plato de plástico. Así me preparo para el vuelo de vuelta con Iberia, he pensado.


La verdad es que la gente se lo ha pasado genial bailando, pintándose, dándose masajes, etc. Nosotros hemos acabado medio muertos sobre todo después de tener que servir más de 200 almuerzos.


El fin de fiesta ha sido una clase de biodanza impartida por la Mónica, la psicoterapeuta del centro y a las 5 de la tarde despedida y cierre. Eso si, de despedida se entregaba un "dulcito". Confirmado: aquí se come a todas horas.

Aquí me veis con Valentina que no se me ha despegado en toda la jornada. Las niñas tienen tan degradada la figura masculina por culpa, la mayoría de las veces de sus propios padres o tíos, que cuando un hombre les da cariño, besos, abrazos, o simplemente les sonríen, una vez vencido el recelo inicial, se deshacen en ternura.