No me ha quitado ojo mientras comía y al final, antes de irse, se ha vuelto a acercar para dejarse dar un beso mientras me sonría, ya sin ningún tipo de recelo. Incluso se ha dejado hacer una foto con su familia, su madre y su hermano Jose Emmanuel.

La otra Sofia, Laura, ha venido corriendo por todo el pasillo para darme un abrazo y al marcharse se ha ido de espaldas por el mismo pasillo para no dejar de mirarme mientras me decía adiós con su manita. La hermana Fide no se lo podía creer.
La ultima de las "renacuajas" en besarme y abrazarme ha sido Emily, la niña de la eterna sonrisa que viene a comer con su hermano y una vecina. Que pena me va a dar tener que despedirme de estas criaturas.
Después de una tarde de compras, nos hemos acercado a la panadería-
restaurante, el negocio que regentan las hermanas para tratar de autofinanciarse, porque nos han hecho una cena de despedida muy entrañable. Estaban todas las hermanas, incluidas las del hogar Sula y Amparo, y la provincial que estaba de visita esta semana.
Ademas de darnos las gracias con un discurso precioso, nos han regalado un pantalón corto a cada uno, un "mocho" como se llama aquí, muy bonito. Nos han sacado la lágrima otra vez y nosotros casi a ellas cuando les hemos dado la réplica. Yo solo he podido decir lo que me salía de dentro: "por cada gramo de amor, de cariño, de amistad que hemos traído, nos llevamos una tonelada". Y así lo hemos sentido los dos, sin ninguna duda.
A la vuelta, nos hemos despedido de Doña Consu, la cocinera, de su marido y de sus tres encantadoras hijas que se han deshecho en abrazos y nos han vuelto a poner la carne de gallina con sus palabras y sus gestos de cariño.
La maleta nos espera...pero no tenemos ganas de hacerla.