viernes, septiembre 3

Taller de panadería

Ayer aproveché que había taller de panadería para pedirle a la profesora, doña Omaira, que me hiciera un bizcocho para el tiramisú. En 5 minutos habíamos hecho la masa con la máquina que tiene y en otros 7 minutos mas la habíamos horneado. La dejamos enfriar y la cortamos en dos pedazos que me sirvieron de base para mi postre.

Al taller acuden 7 u 8 niños que han montado una microempresa. Hacen galletas, las envasan y las venden. Estas son las bandejas recién salidas del horno y los "artesanos":



Después las embolsan y las venden: 5 galletas por 600 pesos, apenas 25 céntimos de euro. Este es el resultado final:



Con las ganancias compran materiales para hacer más galletas y lo que ahorran lo guardan para Navidades.

Antes de la cena nos pusimos a hacer el tiramisú Adriana y yo. A punto estuve de echarlo a perder porque se me olvidó emborrachar la ultima capa pero Adri tuvo una buena idea y al final quedo casi perfecto. El "casi" se debe a que la hermana Luz Mila no tuvo mejor idea que picotear una esquina del bizcocho que estaba un poco desprendida dejando la capa de arriba con un mordisco impresionante, así es ella, feliz hasta con los despistes.

Este es el resultado final:



Para comérserlo a que si? En la foto no se aprecia muy bien pero la bandeja es tan grande que ocupaba toda una balda de la nevera, de lado a lado...

El comedor

Aunque voy casi todos los días, de 11 a 1 del mediodía, no deja de sorprenderme. Mi tarea es servir el zumo de una cazuela en la que caben 30 o 40 litros con una jarra a modo de cazo y ayudar a servir las mesas llevadores los platos a los niños y a los ancianos. Solo se aceptan en el comedor las personas con verdaderos problemas de subsistencia: ancianos sin recursos, niños pertenecientes a familias desestructuradas o con problemas económicos y madres recientes o embarazadas.

Los niños son lo mejor de todo porque casi siempre, salvo contadas ocasiones, vienen con la mejor de sus sonrisas. Traen su propio plato hondo, su cuchara y su vaso (pocillo). Dejan el plato en el mostrador de la entrada y dicen "harto" cuando quieren mucho o "poquito" cuando no. Dejan su vaso en la mesa donde se reparte el zumo y se sientan donde les apetece y hay sitio libre, aunque como en todas partes, casi siempre de sientan en la misma mesa de todos los dias.



Los ancianos se dividen en dos grupos. Los agradecidos y risueños, que vienen igual que los niños y al marcharse siempre nos dicen "Dios se lo pague" con una sonrisa de oreja a oreja y los que, quizás por pura vergüenza, comen sin decir nada y se marchan sin ni siquiera despedirse. Gracias a Dios, estos últimos son los menos.

De vez en cuando, tenemos que darle de comer a algún niño o niña remolona. Hasta ayer mismo a Luisa casi todos los días. Hoy ha tocado a Jessica que estaba perezosa, aunque mas sospecho que mimosa sin más. No están acostumbrados a estos gestos de cariño y les encanta sentirse cuidados ¿a quien no?.



Siempre me da infinita ternura verles avanzar por el pasillo con sus platos y vasos, como mezclan la comida (lo seco que llaman ellos con la sopa), como comen con la cuchara lo mismo la carne que la pasta o el arroz, como reconocen sus vasos por las abolladuras, como limpian ellos mismos la mesa si la manchan y derraman comida y como se van por ese mismo pasillo, con la bolsita de plástico en una mano y el vaso de zumo en la otra, apurando cada gota como si fuera el último que fueran a beber.

El otro día me preguntaron si no había chicos también. Pues si que los hay, pero son los menos (como en tantos sitios, la mujer está mucho mas castigada) y no son tan coquetos como las chicas y cuesta más que se pongan para dejarse hacer fotos. Aquí va una muestra:




Lo conseguí ...

Hoy en el comedor me esperaba una de las sorpresas mas bonitas de mi estancia en Las Brisas. La he visto avanzar por el pasillo como todos los días, de la mano de su hermano, y como todos los días, esperaba que me mirase con recelo y se sentara en su mesa a comer con su madre sin hacerme caso. Pero hoy ha venido hacia donde yo estaba, se ha quedado parada a mi lado y me ha dejado darla un beso y un abrazo. Me ha mirado con sus ojazos y me ha derretido. Hilary Sofía. La inalcanzable.

Durante toda la comida no dejaba de mirarme, y al terminar, ha vuelto de nuevo a mi lado a despedirse. Había que ver la cara de sorpresa de su madre cuando incluso se ha dejado hacer una foto en brazos (aunque el pulso de la hermana Fide la ha dejado un poco borrosa).




Luisa, como siempre, ha llegado de las ultimas pero hoy nos ha sorprendido a todos también porque ha comido sola. La primera vez en mucho tiempo, me ha dicho Fide. Se ha ganado una foto de premio.



A la que tengo definitivamente ganada para la causa es a Laura Sofia. Ya no hay día que según entre en el comedor no se arroje en mis brazos y me dé uno de sus mas tiernos besos. Después me coge la mano y se queda así, mirándome con dulzura, hasta que viene su tía a por ella y se la lleva a la mesa. Al acabar, vuelve a repetir la maniobra y se despide de mi con otro abrazo y un par de besos que me llenan mas que una puesta de sol en la mejor de las playas. No me digáis que no está para comérsela...




La nota triste es que hoy ha faltado Mariana, la niña que mas me preocupa del todo el comedor por lo asustada que parece siempre. Me ha dicho su madre, que ha venido a buscar su comida, que estaba enferma. Debe de haber una especie de epidemia de gripe (que aquí llaman "gripa"). Pobrecilla, si sana ya lo pasa mal, como lo estará pasando encima con gripe.



A la tarde he subido a la panadería para hacer el bizcocho (bizcochuelo) con la profesora de pastelería, Omaira. Voy a prepararles un tiramisú y como no he encontrado la base que suelo utilizar allí en España al final henos tenido que hacerlo todo casero. Mas rico saldrá, seguro. Menos mal que he encontrado el queso mascarpone porque si no, no me imagino como habría podido solucionar la papeleta.