Aunque voy casi todos los días, de 11 a 1 del mediodía, no deja de sorprenderme. Mi tarea es servir el zumo de una cazuela en la que caben 30 o 40 litros con una jarra a modo de cazo y ayudar a servir las mesas llevadores los platos a los niños y a los ancianos. Solo se aceptan en el comedor las personas con verdaderos problemas de subsistencia: ancianos sin recursos, niños pertenecientes a familias desestructuradas o con problemas económicos y madres recientes o embarazadas.
Los niños son lo mejor de todo porque casi siempre, salvo contadas ocasiones, vienen con la mejor de sus sonrisas. Traen su propio plato hondo, su cuchara y su vaso (pocillo). Dejan el plato en el mostrador de la entrada y dicen "harto" cuando quieren mucho o "poquito" cuando no. Dejan su vaso en la mesa donde se reparte el zumo y se sientan donde les apetece y hay sitio libre, aunque como en todas partes, casi siempre de sientan en la misma mesa de todos los dias.

Los ancianos se dividen en dos grupos. Los agradecidos y risueños, que vienen igual que los niños y al marcharse siempre nos dicen "Dios se lo pague" con una sonrisa de oreja a oreja y los que, quizás por pura vergüenza, comen sin decir nada y se marchan sin ni siquiera despedirse. Gracias a Dios, estos últimos son los menos.
De vez en cuando, tenemos que darle de comer a algún niño o niña remolona. Hasta ayer mismo a Luisa casi todos los días. Hoy ha tocado a Jessica que estaba perezosa, aunque mas sospecho que mimosa sin más. No están acostumbrados a estos gestos de cariño y les encanta sentirse cuidados ¿a quien no?.

Siempre me da infinita ternura verles avanzar por el pasillo con sus platos y vasos, como mezclan la comida (lo seco que llaman ellos con la sopa), como comen con la cuchara lo mismo la carne que la pasta o el arroz, como reconocen sus vasos por las abolladuras, como limpian ellos mismos la mesa si la manchan y derraman comida y como se van por ese mismo pasillo, con la bolsita de plástico en una mano y el vaso de zumo en la otra, apurando cada gota como si fuera el último que fueran a beber.
El otro día me preguntaron si no había chicos también. Pues si que los hay, pero son los menos (como en tantos sitios, la mujer está mucho mas castigada) y no son tan coquetos como las chicas y cuesta más que se pongan para dejarse hacer fotos. Aquí va una muestra: