Poco a poco volvemos a cogerle el pulso a nuestra ciudad, a nuestro país. Pero los dos sabemos que algo se ha quedado en Pereira. Algo que huele a arepas con queso, a tortas de choclo, a yuca frita. A sonrisas de gratitud, a abrazos de cariño.
Un barrio que no nos conocía nos acogió con todo su amor. Los españoles. Vinimos hace 500 años a matar a sus hombres, a violar a sus mujeres y a acabar con sus religiones imponiéndoles las nuestras a golpe de espada y crucifijo. Y aún así, nos respetan. Nos admiran. ¿Nos han perdonado? Quizás simplemente, lo han olvidado. Ninguno de los de aquí es culpable de aquello. Ninguno de los de allí es víctima ya, tampoco. Todos perdimos en aquella pelea. Quizás sea esta una forma de recuperar algo. Devolviendo un poco de lo mucho que un día nos llevamos a la fuerza.
No se puede dar más veces las gracias que lo que ya lo hicimos allí a todas las personas que tanto nos ayudaron, nos acompañaron y nos enseñaron. A las hermanas pasionistas por su acogida. A la familia de Consuelo por tratarnos como hijos. Y a todos los que desde aquí nos habéis apoyado con vuestros correos, mensajes, llamadas, incluso desde el silencio, porque sabíamos que estabais de todas formas.
Pero, por encima de todo, a los que nos recordaron que no hay nada más importante que el respeto, el cariño, la felicidad y el amor: a los niños.
Os dejo el enlace a la galería de todas las fotos que hicimos: fotografías
Un abrazo.
Gracias!!!
ResponderEliminarAndaba buscando unas fotos de las Brisas, y mira dónde me trajo google...
Trabajo en las Brisas con las hermanas y ha sido muy bonito conocer una versión "española" de la experiencia. Me he divertido mucho con las observaciones sobre nuestra cultura y costumbres, pero, sobre todo, gracias por apreciar lo humano en medio del dolor y la desesperanza que a veces se siente en estas comunidades y que no deja ver un poco más allá.
Espero poder hacer siempre mi trabajo con el mismo amor y esperanza que muestras, en especial por los niños.
Carolina